Ese árbol ya no existía.
Por mucho que regresara día tras día al mismo campo que la había acogido y dado refugio años atrás, ya no estaba. ¿Qué significaba eso? ¿Ya no hay pasado? ¿Y futuro?
Se había habituado a estar perdida, a dejarse llevar por las oportunidades que aparecían en su vida, a centrarse en el ahora.
¿Qué sucede cuando el ahora termina?
Seguía sentada al lado de dónde supuestamente estaba el árbol, no quedaba ni una hoja pequeñita por el suelo, nada de su pasado, presente o futuro.
Pero su ahora no había terminado y su futuro no había empezado, de hecho, no tenía claro si algún día vería el futuro claramente o se mezclaría con el ahora y solo se daría cuenta cuando recordara todo su pasado.
Siempre tenía bichos en el estómago cuando se ponía a meditar sobre ello en el campo, cómo cambian las cosas, un sitio que te aterraba se convierte en tu zona de confort.
¿Y si la zona salvavidas desaparece? ¿Y si ya no es necesaria?
Giró su cabeza y enfocó su mirada en el suelo, vio la raíz del árbol y supo qué tenía que hacer.
Tenía miedo, sus dedos temblaban mientras escababan
la tierra para sacar la raíz. Parecía pequeña pero a medida que el agujero era mayor, la raíz tenía más y más ramificaciones. Intentó arrancarla tirando de ella hacia arriba, pero resultó imposible. Quiso cortar pero tampoco podía. La única solución que encontró era desenterrar cuidadosamente toda la estructura del árbol.
Sucia de arena, agotada, ya casi sin uñas, decidió parar. No sabía qué hora era ni cuánto tiempo necesitaría más, así que se levantó y miró su obra.
De repente, empezó a llover e inundó todo el agujero que había conseguido, pero ella no se movió. Dejó que las gotas lavaran su cara y llenaran el vacío. Las nubes desaparecieron sin más, se acercó al lago recién creado y vio su reflejo en él.
Se vio a sí misma mojada por la lluvia, se vio a sí misma con acné y ropa más pequeña y vio a una mujer parecía ella, pero era otra persona cambiada por el futuro (o presente), (o pasado).

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